Casamance: visita a Ziguinchor y la isla de Carabane

Llegamos a Ziguinchor desde Gambia sin grandes percances. Cruzar la frontera no supuso ningún tipo de problema esta vez. Nuestro medio de transporte, como siempre, fue un sept-place. Eso sí, nada más entrar en la zona de Casamace los controles militares por carretera se incrementaron notablemente.

Ziguinchor, una ciudad junto al río Casamance

Llegamos al hotel en el que nos hospedábamos a media tarde y allí nos encontramos con un enorme grupo de niños senegaleses que se divertían en la piscina. Hicimos el check-in, dejamos las maletas y nos fuimos a dar una vuelta por la vie de comerce, la calle principal de Ziguinchor.

Es un paseo muy agradable al lado del río Casamance. Tiene mucho encanto, sin embargo, es una auténtica pena que esté tan sucio y descuidado. Hay zonas en las que las orillas del río son un verdadero vertedero.

Ziguinchor
Canoas en el río en Ziguinchor
Nosotros paseando junto al río en Ziguinchor
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Ziguinchor – Río Casamance

Cenamos en el mismo hotel, aunque después de ver lo sucio que estaba el río, no nos atrevimos a pedir pescado. Saciamos nuestro apetito con un plato de pollo, acabamos de organizar el día siguiente y nos fuimos a dormir temprano.

Cuando nos despertamos a la mañana siguiente, estaba diluviando, así que dimos media vuelta y seguimos durmiendo. Una vez que amainó, pasamos un par de horas visitando Ziguinchor. Fuimos a la catedral y paseamos por sus calles. La verdad es que lo más bonito ya lo habíamos visto el día anterior así que enseguida abandonamos la ciudad.

Visita a la isla de Carabane

Fuimos a la estación de autobuses y allí cogimos un sept-place hasta Selinkine. Desde allí un chico se ofreció a llevarnos en barco hasta la isla de Carabane y hacernos de guía. No teníamos muchas más alternativas así que al final accedimos. Compramos un poco de agua, nos pusimos los chalecos salvavidas que nos ofrecieron y salimos hacia la isla de Carabane.

En barco hasta la isla de Carabane
Agua Potable en bolsa
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En barco hasta la isla de Carabane

Nuestro guía se llamaba Sadi y era un simpático senegalés que hablaba bastante bien español. Atravesamos el estuario del río Casamance repleto de manglares y vimos a lo lejos cómo recogían las ostras. El trayecto en barco fue corto y además tuvimos la suerte de ver delfines antes de llegar a Carabane. ¡Saltaban cerca del puerto!

Al llegar a la isla, nuestro guía tuvo que ayudar al barco vecino a atracar, pues estaba teniendo algunos problemas. A nosotros no nos importó esperar, y aprovechamos para sacar algunas fotos.

Isla de Carabane – Puerto
Isla de Carabane – Puerto

Lo primero que hicimos al llegar fue comer un rico pescado guisado con cebolla y arroz (Yassa au Poisson). En esta zona de Senegal, todavía hay muchas personas que se dedican al sector de la pesca. En el restaurante coincidimos con una pareja formada por una chica vasca y un chico senegalés. Vivían en España pero habían venido a pasar unos días a Senegal. Charlamos mientras esperábamos la comida y nos contaron que hacía unos días, en Dakar, él había sido arrestado por beber una cerveza en la calle. ¡Vaya susto se llevó su pareja! Por suerte se quedó solo en una anécdota y al día siguiente ya estaban juntos otra vez. Cuando acabamos de comer nos despedimos de la simpática pareja y nos dispusimos a visitar la isla.

La historia de Carabane

Carabane había sido un antiguo enclave dedicado al comercio de esclavos. Los primeros colonos en llegar a esta isla procedían de Portugal, no obstante, alrededor de 1830 fueron sustituidos por franceses porque el líder de la aldea de Kagnout decidió ceder la isla de Carabane a Francia a cambio de un pago anual de 196 francos.

A día de hoy todavía quedan algunos edificios coloniales de aspecto decrépito y que solo pueden visitarse por fuera, uno de ellos es la antigua escuela. Muchos de estos edificios están medio derruidos y cubiertos por enredaderas y raíces. Esta imagen contrasta con la de las playas paradisíacas que se encuentran en la costa.

Isla de Carabane – Antiguo edificio colonial
Isla de Carabane – Antiguo edificio colonial
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Isla de Carabane – Antiguo edificio colonial

En la actualidad, en esta isla conviven familias francesas y senegalesas en un entorno rural y tranquilo. Carabane tiene una superficie de unos 50 kilómetros y su mayor atractivo es pasear por sus playas y poblados. Se estaba haciendo tarde así que enseguida nos dirigimos al puerto y nos volvimos a montar en la barca de camino a Selinkine.

Playas de isla Carabane
Playas de isla Carabane

En el trayecto de vuelta Sadi nos intentó convencer de que nos quedáramos algunos días más en la zona de Casamance porque todavía teníamos muchas cosas que ver. Tenía razón, pero si queríamos visitar el País Bassari no podíamos entretenernos así que tuvimos que declinar su oferta. Lo entendió y nos dejó su número de teléfono por si cambiábamos de opinión.

Sadi en su barca
Sadi en su barca

En Selinkine, Sadi nos acompañó a la estación de autobuses y se aseguró de que el conductor del sept-place nos cobrara el precio correcto (no como a la ida). Mientras llegó nos estuvo explicando que él trabajaba en los campos de arroz y que había aprendido español practicando con los turistas y estudiando con algunos libros que le habían dejado. Estuvimos charlando de diferentes cosas, pero hubo una que nos llamó especialmente la atención. Tenía la convicción de que los europeos estaban gordos por dos motivos: porque comían mucho queso y porque no tenían tiempo de hacer ejercicio. Al menos en una de las dos razones estuvimos de acuerdo. Nos despedimos muy agradecidos de él y volvimos a Ziguinchor.

Vuelta a Selinkine
Vuelta a Selinkine

A través de la ventanilla del sept-place contemplábamos el paisaje. El cielo se había vuelto rosa y se proyectaba sobre el río. De fondo, las sombras de los baobabs aportaban ese toque mágico que solo conoce el continente africano.

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